Julio-agosto 2010

 portada

Edición digital

EDITORIAL

En una escena clave de la cinta El Padrino (parte I), Michael Corleone conversa con el capo de la mafia judía de Miami, Hyman Roth. Su diálogo gira en torno al dinero que hace falta para que ambos pacten una alianza que les dará el control sobre los casinos de La Habana. Roth hace un comentario a Corleone, haciéndole entender que el dinero servirá también para apuntalar la candidatura presidencial de John F. Kennedy. Roth termina su monólogo con la frase: “We are bigger than U.S. Steel”. En la noche siguiente a esa conversación, el triunfo de la Revolución Cubana derrumba los planes de Roth, de los que ya Corleone se había sustraído al no aportar su parte del dinero.

Pero el planteamiento que hace la película es claro: el crimen organizado tiene un mundo propio, que funciona con sus propias reglas, las cuales nada tienen que ver con el mundo de lo legal y lo jurídico. Ese mundo ha creado tentáculos que se comunican con los poderes políticos, influyen en las decisiones globales, y cobran a precios altísimos – en vidas humanas – las transgresiones y desacuerdos.

El mundo de Corleone, Roth y otros personajes de la cinta de Francis Ford Coppola es ficticio. El mundo del narcotráfico es real, y las mafias que lo controlan, sean mexicanas, jamaiquinas, colombianas, estadounidenses o nigerianas, crean un mundo de intriga, complot, violencia gratuita y poder político. Y un mundo que no es fácil de aniquilar porque millones de personas anónimas consumen drogas en ciudades, suburbios, y pueblos, y el dinero que genera ese tráfico sostiene infraestructuras clandestinas que, conectadas al poder, permiten la consolidación y reproducción de los carteles. Es decir, si en los años 80 eran los carteles colombianos quienes encabezaban a ese mundo paralelo, a principios del siglo XXI son los cárteles mexicanos, y tal vez en 50 años sean los cárteles afganos, nigerianos, indonesios o chinos los que manden.

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dossier

 

México: ¿Una causa perdida?

Raúl Dorantes y Febronio Zatarain

 Something is rotten in the state of Denmark.

 Horacio en Hamlet

El martes 8 de junio —antes de empezar este ensayo— revisamos las últimas noticias referentes a la narcoviolencia que recorre México: en Durango fueron encontrados 8 cadáveres decapitados y una mujer degollada; en Morelos hubo cuatro ejecuciones y más tarde la policía estatal encontró tres cuerpos decapitados; en Chihuahua hubo 10 ejecutados, entre los que se encontraba el cadáver cercenado de Alejandro Rubalcaba; en Sinaloa los hermanos Raymundo, Juan Manuel y José Enrique Alcántar fueron ultimados y sus captores les dejaron el rostro parcialmente desollado; en Guerrero se terminaron de extraer del socavón de una mina de plata 77 cuerpos en estado de descomposición; en Tamaulipas 2 menores fueron acribillados por el Ejército en un retén por no obedecer la orden de alto hecha por los militares; en Quintana Roo fueron sacados de un pozo 5 cuerpos a los que les habían extraído el corazón... Y seguramente hubo más víctimas que no alcanzamos a rastrear en las páginas electrónicas o que los mismos medios de comunicación no habían registrado hacia las 7 de la tarde de ese martes 8 de junio.

A 100 años del inicio de la Revolución, no cabe duda que lo impera en México es el sadismo mostrado por un personaje real de El águila y la serpiente: Rodolfo Fierro, y un personaje de ficción de El llano en llamas: Pedro Zamora. Tanto Fierro como Zamora disfrutaban asesinando a sus prisioneros en un corral. El primero les decía que lograrían su libertad si alcanzaban a esquivar sus balas y saltar una barda de tres metro de alto. Al segundo le gustaba jugar a los toros: con un verduguillo atacaba al prisionero y éste, para salvar la vida, debía librar las “cornadas” con una cobija. Al general Fierro se le escaparon dos o tres; a Pedro Zamora ninguno. Pero la saña de estos personajes pasa desapercibida ante la violencia cotidiana que se vive en México.

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deshoras

pez

Poison volant, 1957. 

Poemas de Jorge Montiel 

Jorge Montiel tiene un año participando en el taller literario de contratiempo y, pese a ser uno de sus miembros más jóvenes, su forma de versar ha influido: la obsesión por eliminar todo pronombre para afilar el verso, o la omisión de preposiciones con la intención de dislocarlo e introducirlo a la multiplicidad de significados, se ha ido volviendo parte del estilo de otros participantes.

Pero Jorge, en los últimos textos que ha sometido a discusión, ha demostrado además una gran capacidad de absorber lo que los otros escritores sugieren en la hechura de sus poemas; por ejemplo, la ruptura de los límites entre el poema y el relato.

El Jorge poeta es como un árbol silvestre: su fruto es para quien lo recoja; y es como un niño: descubre lo que tiene enfrente.

Sin más, lector, te dejamos ante los frutos para que tú los descubras.  


Todas las images que ilustran Deshoras son esculturas de Alexander Calder.

 

 

 miradacómplice

 cruzvillegas

Abraham Cruzvillegas.Bougie du Isthmus, 2005.Cañas de pescar, pañuelos, botellero.

La poesía con objetos de Abraham Cruzvillegas

Esmeralda Morales-Guerrero

El pasado 26 de junio el Museo de arte contemporeáneo de Chicago abrió la exposición Alexander Calder Contemporany Art: Form, Balance, Joy. Una muestra del trabajo de Calder y de siete jóvenes artístas cuyo trabajo esta relacionado al legado de este gran escultor moderno.
Estos artístas contemporáneos trabajan directamente en la producción de sus esculturas, hacen un creativo reuso de materiales y exploran la forma, el equilibrio, el color y el movimiento. Su trabajo prioriza las cualidades visuales y vicerales de la escultura y al mismo tiempo renuevan el concepto del formalismo estético. 
Entre ellos se encuentra el mexicano Abraham Cruzvillegas. El trabajo de Cruzvillegas sorprende por el uso aleatoriamente organizado de objetos que al reunirse crean una dinámica única, que explora nuevas formas de comunicación e interpretación entre ellos.
Contratiempo tuvo la opotunidad de hacerle a Abraham una breve entrevista:

Contratiempo: ¿Como te diste cuenta de que eras artista?
Abraham Cruzvillegas: No me di cuenta: decidí ser artista. En esencia todos podemos ser artistas, no existe cosa tal como el talento o la genialidad, todo es cosa de voluntad, de conciencia, de inteligencia y de práctica. La técnica no hace al artista, aunque a veces es necesaria para ciertas cosas, lo que es indispensable son las ideas y esas hay que cultivarlas.
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tiempoextra 

Cantándole a Colombia Querida

Catalina María Johnson

Tu suelo es una oración y es 
un canto de la vida 
Cantando, cantando yo viviré, 
“Colombia tierra querida” 
Fragmento de “Colombia, Tierra Querida” de Lucho Bermúdez
 
pacifico  
Ecos del Pacífico. 
 
En una noche de sábado primaveral de Chicago, paseando por la calle junto al restaurante colombiano “Las Tablas”, se escuchaba el alboroto de parejas que en un intricado y apretado menear, bailaban al compás del sancocho musical criollo que es la cumbia colombiana, interpretada por el Grupo Cumbé.
En realidad el Grupo Cumbé tocaba como conjunto esa noche por primera vez, ya que fue fundado en parte para este año del bicentenario colombiano. Además, sus co-fundadores, Leo Suárez y Víctor García, tienen gran interés en no sólo preservar ciertos ritmos clásicos colombianos sino en incorporarles un toque jazzístico y chicaguense, e integraron a otros músicos reconocidos del ámbito musical de la ciudad, como el pianista nicaragüense Darwin Noguera. Toman inspiración de la cumbia colombiana en su versión clásica, como la impulsada por Lucho Bermúdez en la década de los cuarenta —música que se difundiera y se arraigara en todas las Américas.
Al mismo tiempo, el grupo enlaza su sonido a las raíces del género, sonidos que surgieron hace cientos de años en la costa del Caribe colombiano. Por lo tanto, acompañan la instrumentación típica de la cumbia big band, con las diversas tamboras de percusión afrocolombianas, rindiéndole honor a su mismo nombre —“cumbé”— palabra africana que significa “fiesta” o “celebración”.
Suárez es también uno de los organizadores del Primer Festival Anual de Música Colombiana, que se celebra todo el mes de julio en varios sitios de la ciudad. Además de su grupo, participarán en el festival más de una decena de ensambles locales y de agrupaciones que llegan directamente de varias partes de Colombia. En los siguientes párrafos comentamos la rítmica lección de geografía musical que nos brindan algunas de las actuaciones del festival.

Ritmos de dos costas 
De Nueva York, Rebolú se especializa en música afrocolombiana de la costa caribeña. Los músicos de Rebolú se caracterizan por mostrar los ritmos insistentes de instrumentos de viento ancestrales de los indígenas Kogui de la Sierra Nevada de Santa Marta sobre un fondo de golpeada percusión. 
Del otro lado de Panamá, en la otra costa, en contraste con la música afrocolombiana de la Costa Atlántica que tiene gran relación con África occidental, la música del Pacífico pareciera tener nexos directos con el centro de África, donde se toca la marimba/balafón de la misma manera. En el festival, Ecos del Pacífico, grupo local fundado por la familia Salazar, presenta en voz y percusión los ritmos de esa región.
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