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México 2010: ¡Urge un nuevo grito de independencia!

Regina Santiago Núñez

 

Comienzo a escribir estas líneas con ánimo caído porque alguien ha logado secuestrar nuestra esperanza. En estos momentos, México duele. No hay canciones ni campañas publicitarias que logren opacar las imágenes de la explosión de un coche bomba en Ciudad Juárez… de un policía asesinado frente a la cámara de alguien que se identifica como narcotraficante… de una pantalla en negro porque se negó a transmitir los mensajes de propaganda del crimen organizado. Hoy, como hace doscientos años, la patria es un concepto en construcción; diversas voces claman contra la injusticia. Sin embargo, gana terreno el discurso del odio y México todo pierde con el olor a pólvora, a miedo, a infamia. 

En el momento en que este texto llegue a ti, consternado lector de estas sentidas líneas, México debería estar con ánimo festivo. Será el septiembre de los 100 años de la Revolución –que todavía no sé por qué escribimos con mayúscula—y los 200 años de Independencia, que todavía no hemos logrado asumir en su dimensión de compromiso con la libertad ejercida en forma responsable. Lo dicho, México duele.

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La construcción de imagen negativa

El jueves 19 de agosto, The Wall Street Journal tituló su nota principal “La guerra contra el narcotráfico llega a la capital de los negocios de México”. En ese reporte, el diario especializado en finanzas hace un diagnóstico crudo de la crisis en materia de seguridad que vive Monterrey en particular, y México en general. El texto retoma de manera destacada un párrafo extraído del desplegado que ese mismo día publicaron grupos empresariales en diarios locales: 

“Es momento de hacer un alto y decidir sobre la mejor forma de responder a las bandas de criminales que ... buscan establecer un nuevo parámetro de terror”.

La versión en inglés de esta nota va acompañada de videos que muestran la escena del crimen contra el alcalde de Santiago, Edelmiro Cavazos; fotografías de cadáveres que yacen en las calles de barrios residenciales; imágenes de soldados con los rostros cubiertos patrullando las calles y de tráileres bloqueando avenidas de esa “capital de los negocios”. Toda una oferta multimediática del terror.

 

Qué hacer cuando se está perdiendo la guerra de propaganda

El gobierno del presidente Felipe Calderón ha reconocido problemas severos en su política de comunicación para tratar los hechos de violencia. Ese mismo jueves se anunció el nombramiento del politólogo Alejandro Poiré como nuevo secretario técnico del Consejo de Seguridad. Su designación, según la información oficial, tiene por objeto lograr mayor coordinación en las políticas de las diversas dependencias encargadas de la lucha anti-crimen. 

También se le asigna el papel de vocero en materia de seguridad, que atienda los pro-blemas de comunicación que han mermado la percepción ciudadana respecto a la estrategia de la lucha anti-crimen. La llegada de un académico y politólogo a un puesto como este puede interpretarse como el reconocimiento de que la lucha anti-crimen no solo es un asunto de habilidades policíacas, sino también de una gestión estratégica de la comunicación.

El miércoles 18 de agosto, un día antes de que se hiciera oficial el nombramiento, los retos de Poiré habían sido discutidos a profundidad en Foro TV Agenda Pública, por los académicos José Carreño Carlón, Mario Campos y Mauricio Meschoulam.

Carreño señalaba que finalmente iba a concretarse el paso necesario que desde hace mucho tiempo debió dar el gobierno de agrupar y organizar la información en lo que respecta al crimen organizado. Ponía el acento en que el haber dejado esa asignatura pendiente generó altos costos para la administración gubernamental. 

Para el panel de académicos, entre los retos del nuevo vocero estaba el de transparentar su estrategia de comunicación. Dejar en claro si ésta responderá a una perspectiva moderna de la gestión estratégica de la comunicación y si  sus acciones partirán del conocimiento de las audiencias, de sus actitudes, necesidades, expectativas y creencias actuales. 

Carreño planteó el problema de que en estos momentos tenemos audiencias que se encuentran abandonadas en la indefensión. Públicos desconcertados ante las incongruencias y vacíos informativos del gobierno y el bombardeo de mensajes de las estrategias de comunicación de bandas criminales y sus códigos de terror.

 

¿Ciudadanos indefensos ante las tácticas del terror?

Al escuchar los planteamientos de los académicos vinieron a mi mente los intercambios de reflexiones que un día antes habían tenido lugar en territorio de Twitter. Periodistas y académicos discutimos sobre la necesidad de pensar cómo habrían de asumirse los retos que actualmente plantean las estrategias de propaganda del crimen organizado, específicamente las generadas en el espacio conocido como El Blog del Narco. Todo quedó registrado en un texto del Observatorio de Medios de la Universidad Iberoamericana, pues estoy convencida de que es posible y deseable que en ocasiones se haga trascender este tipo de discusiones, transformándolas en documentos de análisis.

El leitmotiv del intercambio de ideas era un problema a resolver: esa imagen del ciudadano indefenso ante las tácticas del terror. ¿Qué hacer con la proliferación de productos propagandísticos creados con el fin de generar parálisis a través del miedo? ¿Qué hacer cuando algunos periodistas confunden ese tipo de productos con información y les niegan su carácter de propaganda?

Comprender el terrorismo para combatirlo

Terrorismo –explicaba Mauricio Mes-choulam— es un concepto psicológico. El objetivo del terrorismo es crear un daño psicológico; generar pánico en la sociedad a través de atacar cierto lugar o ciertas personas. Pero hay que tener en cuenta que la víctima no es la atacada en sí, sino las demás personas en la sociedad. 

—Es una estrategia de comunicación, señaló Carreño.

—Una estrategia— indicó Meschoulam, que utiliza a los medios de comunicación para pro-pagar el miedo. Cuando logras atemorizar a una sociedad logras que cambie sus conductas y sus patrones de comportamiento; incides en sus actitudes para que presione al gobierno.

Difícil toma de conciencia

El fin último de la propaganda del terror es paralizar a la sociedad con la droga del miedo. Por eso me pareció tan preocupante el enterarme del caso de medios informativos en el estado de Zacatecas que en los momentos en que los académicos debatíamos sobre las estrategias de comunicación y propaganda del terror sufrían en carne propia las amenazas de quienes se decían representantes de cárteles del narcotráfico. El objetivo de estos individuos era imponer a los medios qué publicar y cómo publicarlo. 

El viernes 20 de agosto de 2010 diversos medios publicaron un texto único titulado “El hampa amenaza Zacatecas”. En este texto se denuncian las presiones del crimen para difundir sus productos y acciones de propaganda.

Ese mismo día, el director editorial del matutino Excélsior, Pascal Beltrán del Río, (@beltrandelriomx) y el director del periódico Artículo 19, Darío Ramírez (@expresate33), elogiaban en sus espacios de Twitter la muestra de unidad. Entre los medios participantes que identificó Pascal Beltrán estaban: Excélsior, El Universal, Milenio, Emeequis y Radio Trece. Darío Ramírez felicitó también a CNN México y W Radio. El Observatorio de Medios de la Universidad Iberoamericana (Omcim) además identificó la nota de El Semanario, así como las reflexiones de Carmen Aristegui sobre el tema en el noticiario de MVS y de Denisse Maerker en Atando Cabos (Televisa).

Esta muestra de unidad tuvo como antecedente la marcha organizada por “reporteros de a pie” en la ciudad de México y otras ciudades de la República. Convocados por la toma de conciencia de que los términos del secuestro de cuatro periodistas en la norteña ciudad de Durango marcaron un parteaguas, los reporteros –no los dueños de los medios—buscaron unir fuerzas entre ellos y con los ciudadanos. “Por tu derecho a saber… por mi derecho a escribir”, fue una de las consignas que se escucharon ese sábado 7 de agosto. La marcha tuvo muchos asistentes e importante cobertura local, nacional e internacional. Jorge Meléndez, en Etcétera, hace un buen recuento de los asistentes. 

¿Por qué hablo de que el secuestro en Durango marcó un parteaguas? Porque fue la primera vez que se hizo pública la intención de un grupo criminal de obligar a cadenas de televisión como Televisa y Milenio a transmitir contenidos de propaganda producidos específicamente para la televisión. El grupo, identificado como el cártel de Sinaloa, había utilizado el espacio del Blog del Narco para responder al video que sus enemigos, los Zetas, habían difundido por ese mismo espacio. Ahí, un policía de Gómez Palacio, en el estado de Durango, con evidentes huellas de tortura, habría sido obligado a confesar, delante de la cámara de los narcotraficantes, la complicidad de funcionarios municipales con el cártel del Chapo. El policía habría sido luego ejecutado ante esa misma lente. Nada nos asegura que el interrogatorio y la ejecución fueron reales; pudieron ser una puesta en escena para llamar la atención, cosa que lograron. Sin embargo, la denuncia presentada de esta manera sirvió para que se actuara contra los funcionarios acusados. Luego vino la réplica en video y la acción del secuestro de los periodistas. La columnista Katia D’Artigues publicó un análisis sobre lo que ha hecho que el caso Durango sea diferente de otras agresiones a periodistas en México, volviéndolo más parecido a lo que se vivió en Colombia en tiempos del narcotraficante Pablo Escobar. Los periodistas Ciro Gómez Leyva y Denisse Maerker reflexionaron sobre esa experiencia en sus respectivas columnas en Milenio y El Universal. 

Urge un nuevo grito de independencia

Comencé a escribir estas líneas con ánimo caído porque alguien había logado secuestrar nuestra esperanza. Dije entonces y repito: México duele. Sin embargo, ante ese intento de secuestro del ánimo, del periodismo y de la democracia, hay quienes se han mostrado dispuestos a no renunciar a la dignidad de la palabra libre, fuerte y digna. 

Los periodistas de a pie del movimiento identificado en Twitter como el grupo #losqueremosvivos han encontrado eco y el clamor va en aumento. Hoy el periodismo (y algunos de sus representantes) está un poco más cerca del ciudadano; hoy los periodistas mantienen el afán por ganar la exclusiva pero, sin renunciar a la sana competencia, se muestran un poco más dispuestos a dejar de lado añejas rivalidades en aras de un bien superior: la lucha contra el régimen del terror. Hoy, los directivos de algunos medios se han mostrado más receptivos a los requerimientos de unidad. Hoy, para conmemorar la gesta libertaria que hace doscientos años buscó la “mayoría de edad” de 

las naciones latinoamericanas, no hacen falta himnos  y slogans de los “creativos” de multinacionales de la publicidad. Hoy, como hace cien y doscientos años, urge un diagnóstico preciso de las demandas del momento histórico que nos ha tocado vivir. Urge dar un nuevo significado a las luchas sociales. Urge retomar el ideal. Ante los nuevos desafíos, urge un nuevo grito de independencia, en defensa… en conquista de la libertad.


Regina Santiago Núñez es comunicóloga, historiadora y analista de los medios mexicanos. Es fundadora y presidenta de Consultores en Investigación y Análisis de Medios (CIAM)