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 La temida llamada de los carteles

Meribah Knight/Chicago News Cooperative

T” recibió la llamada en su celular, en septiembre, en su lugar de trabajo en los suburbios. “Tenemos a tu padre. Reúne el dinero tan pronto puedas para que tu padre quede libre”, dijo la voz de un hombre.

Era la llamada que “T” (se protege su nombre por su seguridad) nunca pensó que recibiría tras haber emigrado de México hace 19 años y haberse naturalizado. Su padre, un agricultor, había sido raptado por La Familia Michoacana, un cartel conocido por su rápido ascenso al poder en la narcoguerra de México, y por sus sangrientas medidas.

“T” trató de explicar que no tenía suficiente dinero para el rescate – una figura en las decenas de miles de dólares, según lo que sus captores suponían que los cinco hijos de su rehén tenían. La respuesta fue: “Muy bien. Si no quieres a tu papá, lo tendremos que matar”.

Durante los cuatro días necesarios para negociar la liberación del hombre, el alcance de La Familia quedó manifiesto, extendiéndose del estado occidental mexicano hasta Chicago. Debido a su sofisticada red de inteligencia, los secuestradores sabían que “T” tiene cuatro hermanos y dos hermanas viviendo en Estados Unidos, y que solía trabajar siete días a la semana en su negocio de construcción.

“T” era el banco perfecto para contribuir a financiar las operaciones del cartel en México y para apoyar la distribución de drogas en este país, puesto que tenía dinero y familia numerosa.

Historias como las de “T” se han vuelto demasiado comunes para aquellos que tienen familia en Michoacán. “Tenemos miedo de ir a México, pero nuestras familias sufren”, dijo José Luis Gutiérrez, director de Casa Michoacán y director adjunto de la Alianza Nacional de Comunidades Latinoamericanas y Caribeñas.

Del 1.2 millones de hispanos en el Condado de Cook, 78 por ciento se declaran mexicanos, constituyendo la segunda comunidad mexicana en Estados Unidos, según datos de 2008 del Censo. Y la mayor comunidad mexicana, 15 por ciento del total, es michoacana, originaria del mismo estado que La Familia.

Como otros carteles, La Familia usa el puerto de Lázaro Cárdenas para importar cocaína y distribuirla en sus redes. La Familia también produce grandes cantidades de metanfetaminas en la Sierra Madre, dijo Gutiérrez.

Chicago y Michoacán están separados por más de 2 mil 400 kilómetros, pero los mexicanos de aquí están en estrecho contacto con sus familias en México, lo que facilita para La Familia identificar a inmigrantes que son dueños de empresas, para extorsionarlos.

“Nadie quiere hablar de ello, pero todos tienen miedo. Nos sentimos impotentes porque desde aquí no hay nada que podamos hacer”, agregó Gutiérrez.

Xóchitl Bada, profesora de estudios latinoamericanos en la Universidad de Illinois-Chicago, dijo que las familias de aquí “saben que están a merced de un sistema de justicia muy corrupto (en México). Y si estás a miles de kilómetros, tu miedo se amplifica”.

Agustín Pradillo, portavoz del Consulado de México en Chicago, dijo que la sede diplomática no ha recibido llamadas de familias locales sobre secuestros en México. Esos problemas “no son nuestra especialidad”, declaró. Pero Gutiérrez recalcó que la violencia y la seguridad son las principales preocupaciones de los inmigrantes mexicanos.

Los lazos con Michoacán son fuertes. Es el único estado en México que permite a sus emigrados votar en comicios locales, y que mantiene relaciones con ellos más fuertes que otros estados.

Leonel Godoy, gobernador de Michoacán, negó que el estado tenga problemas con crímenes ligados al narco. Durante una visita a Chicago en junio, dijo que “es mentira que haya violencia en Michoacán. La vida en Michoacán es normal” y el turismo aumentó nueve por ciento en 2009.

Pero Michoacán tiene una Oficina de Secuestros y Extorsión en la capital, Morelia. Jonathan Arredondo, empleado de la oficina, dijo que ahí se abren las investigaciones pero que mucha gente no llama para reportar secuestros “por miedo, o para no ponerse en peligro”.

“Las pandillas que producen estas drogas ahora están por todo el mundo. Ninguna familia, acá en Estados Unidos o en México, está exenta de ser victimizada. Y si queremos resolver este problema, tenemos que reconocer que tenemos estos problemas”, dijo Jesús Garibay García, senador mexicano, durante un evento de promoción de la comunidad michoacana en Chicago, en junio pasado.

A fines de noviembre, dos meses después de que “T” recibió la llamada, las autoridades federales procesaron a 15 personas relacionadas con la red de distribución de La Familia en Chicago. Las autoridades incautaron 550 libras de cocaína y ocho millones de dólares, en suburbios como Berwyn, Bolingbrook, Hickory Hills, Joliet, Justice y Oak Lawn. Las incautaciones fueron parte de una investigación que comenzó en 2007 sobre la red de distribución controlada por La Familia en Estados Unidos.

Muchos expertos creen que estos arrestos implican que La Familia quiere expandir su base en los suburbios, y no tanto en Chicago. “Yo no veo en Chicago más que ejemplos aislados del poder de los carteles”, dijo John Hagedorn, profesor de UIC especializado en pandillas de Chicago. Hagedorn dijo que los carteles ejercen más presión sobre las pandillas locales a fin de controlar la distribución en el área de Chicago pero, agregó, esta estrategia no ha sido afortunada.

“Chicago está muy lejos y las pandillas están muy establecidas. No creo que sea una estrategia que vaya a funcionar”, declaró.

A “T” esa teoría no le dice nada. Los secuestradores de su padre, en conversaciones telefónicas, le animaban a “echarle más ganas” (para conseguir el dinero). Finalmente consiguió hablar con su padre, quien le dijo que estaba bien, pero que se apresurara porque estaba seguro que lo iban a matar si no había un acuerdo.

“T” dijo que contactó a su oficina municipal en Michoacán en busca de ayuda. Una secretaria le dijo que alguien le devolvería la llamada, pero nadie lo hizo. “Hay mucha corrupción”, dijo “T”.

Con préstamos de amigos y parientes en Michoacán, “T”, en cuatro días, consiguió que un amigo le ayudase a depositar el rescate en una cuenta bancaria cuyo número fue proporcionado por los secuestradores, quienes inclusive le habían propuesto un plan de pagos mensuales, con interés, como alternativa.

Una vez finalizada la transacción, los secuestradores le dieron a “T” un punto de recogida, pero de forma confusa, con llamadas desde distintos números, indicando diversas ubicaciones, a fin de confundir el rastro. Finalmente, su padre fue depositado en un punto remoto del estado, con los ojos vendados, la nariz y las costillas rotas, y un moretón en la cabeza producto de un culatazo.

“T” y sus hermanos aún están juntando dinero para pagar los préstamos. En tanto afirma que no quiere volver a poner un pie en México. “México es como un pariente ausente”, dijo.

“T” habla con su padre dos tres veces por semana, pero no tocan el tema del secuestro. “Hablamos de todo, pero no queremos volver a vivir eso. Ya pagamos. Le toca a otros”, agregó.


Meribah Knight, con apoyo de Idalmy Carrera y Kalyn Belsha escribieron este reportaje. El texto se reproduce con permiso de Chicago News Cooperative.