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O R Í G E N E S D E L A R E V I S T A

 

Hablar de contratiempo es hablar de los orígenes de las revistas literarias y culturales de Chicago y de los Estados Unidos. Porque de las ciudades estadounidenses con barrios hispanos significativos, Chicago es la única en la que han surgido revistas literarias y culturales en español de un modo persistente. De 1990 a 1993 se publicaron ocho números de Tres Américas, y de 1992 a 1995 aparecieron doce números de Fe de erratas. Estas dos publicaciones en forma tácita compartían un mismo objetivo: dar a conocer la literatura en español que se estaba haciendo en Chicago, sobre todo cuentos y poemas. En otras palabras, estas dos revistas se fueron convirtiendo en los vehículos para que se dieran a conocer los primeros textos escritos en español en Chicago.

 

Tanto los cuentos como los poemas parten en términos generales de la tradición latinoamericana. En los cuentos que aparecen en Tres Américas y Fe de erratas resalta la influencia de los escritores del boom, fundamentalmente Cortázar, Rulfo y García Márquez. Esto nos hace pensar que al inmigrante, por la distancia que ha tomado de su patria y por la soledad que ha encontrado en la tierra nueva, se le facilita dar el salto de la posición de lector a la de escritor; aquí, la simple lectura de tres libros (como Bestiario, El llano en llamas o Los funerales de la Mamá Grande) pueden llevar al lector a tomar la pluma.

Llama la atención que muchos de los relatos tomen lugar no en espacios estadounidenses sino en los pueblos o países de origen de los autores. Pues así como un cocinero logra transportarse un viernes desde una barra de cantina a las calles de su pueblo, o una babysitter consigue viajar de la pista del Aragon Ballroom a la cancha de su poblado, el inmigrante que nace aquí como escritor logra recrear aquellas calles en una hoja de papel.

Asimismo, el escritor inmigrante ha insistido en la recuperación del habla (o la jerga) de diversos lugares y tiempos latinoamericanos. Hay otros, en cambio, a los que el habla hispana de los Estados Unidos los ha llevado a actitudes puristas, olvidándose que una de las labores del escritor consiste en describir y recuperar las hablas que están surgiendo en su nueva circunstancia. Cabe señalar que en los últimos números de Fe de erratas sí aparecieron con frecuencia relatos que acontecían en Chicago o en otros espacios estadounidenses. En el cuento “Ensayo de maneras. O: Tiempo de sobra”, de Ricardo Armijo, leemos lo siguiente:

Mandé mi curriculum vitae y heme aquí. La Hispanic Health Coalition (HHC) es una not-for profit organization seeking to reduce the socio-cultural barriers that inhibit the Hispanic community from improving its health status. Me sé la oración de memoria, la escribo cada vez que la HHC pide dinero a cualquier fundación que esté dispuesta a creer en su misión y a soltar la plata, que es lo único que verdaderamente importa.

 

Los poemas generalmente rebasan la problemática del espacio. Porque lo que describe un verso o una estrofa, más que un espacio, son las impresiones y los sentimientos del poeta en un momento dado. Acaso eso nos sirva para afirmar que casi todos los poemas publicados en Tres Américas y en Fe de erratas sugieren que pudieron haber sido escritos en cualquier parte. Sólo muy de vez en cuando se menciona el nombre de una ciudad o de una calle de los Estados Unidos. Por ejemplo, en el poema “Manhattan A.M.”, de la puertorriqueña Juana Goergen, sólo el título nos ayuda a ubicar el espacio evocativo:

 

Me pierdo en el espacio entre las sílabas es decir en el beso.

 

Al igual que los cuentistas, los poetas también parten de la tradición latinoamericana; las influencias van de Octavio Paz a Pablo Neruda y de César Vallejo a Jaime Sabines. Hoy, después de haber vuelto a leer las revistas publicadas y otros trabajos inéditos, creemos que hay autores con una obra poética ya madura. Basta mencionar los casos de Jorge Hernández, Graciela Reyes y León Leiva Gallardo. En cambio, los narradores, a pesar de que algunos de ellos tienen ya obra publicada y una pluma experimentada, aún continúan maquinando el Libro de relatos en español que nacerá en Chicago.

En 1997, se publicaron ocho números de Zorros y erizos, y de 1999 al 2000 aparecieron trece números de Tropel. Además de cuentos y poemas, en Zorros y erizos se publicaron artículos y reportajes que ya rebasaban el terreno de lo estrictamente literario. Poco a poco la problemática política y social de los barrios hispanos de Chicago fue tomando las páginas de Zorros y erizos; en algunos de sus números ya se abordaron temas como el de los vendedores ambulantes, el desplazamiento urbano, la inmigración indocumentada, las pandillas, etc.

 

Ya con la experiencia adquirida en zorros y erizos, Tropel consigue desde su primer número una mayor definición y ubicación: se trata de una revista inmigrantista. La editorial del número 0 dice lo siguiente: “El tema de la migración es algo muy palpable en nuestras calles, en nuestros lugares de trabajo y en nuestros lugares de esparcimiento. Es ya sabido que este fenómeno se vive con sus rasgos muy particulares en Los Ángeles, París o Tokio, entre otras ciudades. En Tropel intentaremos abordar las particularidades que fenómenos como éste tienen en nuestra ciudad”. Pero la literatura nunca quedó fuera de Tropel; en todos los números se incluyó siempre a un cuentista y a un poeta.

Casi al mismo tiempo que Tropel, el semanario La raza publicó un suplemento mensual: Arena cultural, que lleva publicados 53 números. Su mayor importancia ha radicado en el hecho de ser el primer suplemento cultural de un semanario en español en los Estados Unidos. Aunque en este suplemento prepondera el carácter latinoamericano que va del río Bravo a la Patagonia, en casi todos sus números llegamos a encontrar dos o más textos de escritores que viven en los Estados Unidos. Aquí cabe señalar que ni La opinión, de Los Ángeles, ni la edición en español del New Herald, de Miami, han tenido un suplemento cultural y literario. Cabe aclarar que en su segunda época, iniciada en mayo de 2005, Arena cultural ha adquirido un tono más comercial; pues la mayor parte de la revista está dedicada a publicar reseñas enviadas por las mismas casas editoriales o a reproducir capítulos de “novedades editoriales”.

En agosto de 2002, aparece sorpresivamente El coyote, que autodefine como una “revista cultural e indocumentada”. En su editorial, los miembros de esta publicación se consideran continuadores de la tradición establecida por la revista Fe de erratas. Los cuentos y poemas publicados en los cuatro números de El coyote fueron discutido y aprobados en el taller literario del mismo nombre. Acaso la importancia de El coyote radique en que volvió a despertar el interés en los viejos miembros de algunas de las revistas pasadas. El último número de El coyote aparece en noviembre de 2002. El primer número de contratiempo sale a la luz seis meses después.