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 Rey Andujar

 

Textos de Rey Andújar

Introducción de Rafael Franco

No es con frecuencia que nos topamos con voces particulares y magistrales en las letras salvajes de las islas caribeñas. Tampoco hay duda de que esto se deba, en gran medida, a la falta de circulación de los libros publicados en las multitudinarias imprentas isleñas. Y eso sin entrar en el candente tema de si las editoriales están publicando en realidad lo mejor de las diversas cosechas literarias pertinentes. Cuba, tal vez, está sabiendo sacar a la luz sus mejores voces con más éxito que sus dos hermanas menores, República Dominicana y Puerto Rico. 

Tal vez por eso la lectura del dominicano Rey Andújar (1977) siempre agita y sacude los sentidos de manera tan singular. No podemos resistir la seductora voz que anima tanto su poética como su narrativa. En lo personal, fue la narrativa la primera que me hechizó y siempre tendrá un lugar especial en el quehacer literario de nuestro entorno caribeño, nuestros archipiélagos antillanos. Porque de la misma manera que retiene la idiosincrática melodía dominicana, trasciende lo particular y ocupa un lugar mucho más amplio y ajeno: la realidad plural de las Antillas. Asimismo, Andújar maneja con ineludible dominio la lengua vernácula para desnudar la encarecida cotidianidad que gobierna los múltiples Caribes. Con el mismo acierto conocemos la calle y sus criaturas inquietas, como el mundo privilegiado de los que están al mando, tanto en lo subterráneo como en la historia oficial. Sus personajes salen de las páginas para convertirse en informantes y Virgilios del multiverso antillano actual.

Los cuentos de Andújar lo depositan netamente en la mejor corriente del género, asegurándole lugar entre sus mayores exponentes. Como si fuera poco, su poética sorprende y refresca, azota como un viento alisio desatado en plena tormenta. Y cuando se ve encarnizada por su autor –tanto en Antípoda y el resto de su trabajo en escena– se convierte en acción y denuncia. Aquí tienen una pequeña muestra de este fenomenal talento dominicano, un escritor al que hay que seguir con la mayor atención. Prevenidos quedan.

 


 

Rafael Franco, escritor puertorriqueño, es autor de la novela El peor de mis amigos, Callejón 2007, y de los cuentos contenidos en la colección Alaska, Instituto de Cultura Puertorriqueña 2007.

 

Travessia

 

Minha casa não é minha e nem é meu este lugar

Estou só e não existo, muito tenho pra falar

elis regina

 

En un acto espontáneo de los que se reprimen con el chasquido en la lengua casi inmediatamente luego, Sor encaramó al niño en el vehículo. El chofer de frente grasosa supuso la esquizofrenia en la fuerza que la mujer aplicaba en el bracito del nene, que no lloraba ni nada; ni tan siquiera pestañeó el resto del camino y solo interrumpió el silencio para preguntar al pasajero que tuviese más cerca por cosas de la flora, el cemento y la fauna del camino.

Ya la noche se había desbordado cuando llegaron a la ciudad de La Vega. Sor repitió nerviosamente la dirección desde una quijada a la deriva; la mano con infinitas cicatrices de catéter y colillas apagadas navegaba alerta por entre los bucles crespos del nene que se quedaba dormido por ratos y muy en contra de su voluntad. El chofer, a propósito, se pasó dos esquinas y encima de eso negó un cigarrillo, haciendo que la mujer se humillara en el ruego. Todavía le quedaba algún resquicio de vergüenza a la maniática, quien lo mandó al infierno masticándole el recuerdo de la madre y toda su descendencia. El que iba al volante no lo tomó a broma y antes de acelerar vociferó, Maldita sea la tuya mil veces vieja puta y dejó los espectros de la mujer y el nene envueltos en una cáscara de avenida y basural. Siete esquinas después, gracias a la distracción de ceniza del cigarrillo negado, el hombre estrelló el automóvil en las mellizas de un camión varado en el mismo medio de la carretera.

Sor y el nene llegaron a la casa resplandeciente en un estado de hambre evangélica, así que lo primero que hicieron Las Comadres fue alimentarlos y procurarles refresco. El nene miraba a la progenitora antes de cada bocado y ésta aprobaba con la mano casi muerta en la que sostenía un cigarrillo apagado por la mitad. Con un movimiento de garganta Sor agradecía cada vianda ofrecida pensando en lo bajo que había caído; pero debía proseguir, estoica: en el sacrificio aguardaba la redención más sublime.

De súbito, una Comadre anunció con timbre de trompeta que la matrona Pabím Malena dejaba sus habitaciones para recibirles. Sor se hizo la que no era con ella y empezó a fumar al fin largas cachadas que delataban una tranquila desesperación. Doña Pabím, envuelta en un hálito alcoholado de verde canela y crema Ponds, exigió las razones del viaje y la que fumaba, buscando dónde coño apagar el cigarrillo para disfrazar el nervio, explicó, con miedo a repetirse, Lo traigo para que conozca a su padre.

Pabím Malena reprochó el acto calificándolo como un desacato. Algo contraproducente. De ahí en adelante nunca jamás hubo como callar a Las Comadres. Compusieron una serie de insultos para Sor, quien abrió la boca no para comer ni para decir adiós pero para pedir el cigarrillo último que se les otorga a los fusilables. Como respuesta, Las Comadres la separaron del niño y la bañaron con trementina, le pintaron el pelo de azul candente y se lo cortaron después a machetazos. Ella se dejó hacer sin decir ni júm pero se le escapó una lágrima por la nariz cuando se vio frente al espejo, pensando, Puñeta, si me han dejado como la versión haitiana de la Barbie. 

Con todo, la mujer no admitió nunca que aquella travesía era un craso e incalificable error. En otro cuarto, ajeno a la trifulca, el nene se quedaba definitivamente dormido gracias a la morcilla y los pasteles con jugo de avena con que le atiborraron. Al despertar, con el día ya rebasando las diez, se enteró gracias al cuchicheo macabro de las mujeres que a Sor la habían despachado en la primera guagua hacia la Capital. El nene la imaginó esperpéntica, entre trapos de colores y mortificada porque en los autobuses de Caribe Tours está prohibido fumar. Y la verdad de lo que aconteció era muy parecida a las elucubraciones del nene, pero en el sueño real, ella, como buena madre que era en el fondo, les rogó a Las Comadres que con lo bueno que les habitaba por dentro, le cuidaran al nene. Ellas respondieron a manera de canto floreado, Renato brillará con un canto que alumbrará regiones. Tú, chimoltrufia, date al fin por vencida y bórrate el camino de regreso.

II

 

El plan de Pabím Malena consistía en que con el paso del tiempo y las diversiones que ofrecía una ciudad como La Vega Real, el nene se olvidara terminantemente de la mujer. No fue difícil llevar esto a cabo ya que Las Comadres se encargaron de hacerle coro y eso era mucho viaje al Camú (el nene casi se ahoga en ese río), mucho dulce de pan y verano y sobre todo bastante carnaval, que esa localidad es famosa por su fuero carnestolendo. Todo iba sobre la marcha hasta el día que un panal de imberbes cometió la falta de llamar huérfano al nene, quien no entendía el significado del vocablo pero no pudo aguantar la congoja. Pabím Malena procuró finiquitar el asunto con muñecas y bicicletas que el nene recibió ciegamente; mientras, Las Comadres se hacían cargo de los mozalbetes que le habían insultado. Los niños eran arrancados de los puntos de droga en los que buenamente se ganaban el sustento noche a noche y eran enviados a La ciudad del niño, un campo de concentración que era algo así como un Twilight Zone entre el robo, la farsa y la nada.

Los domingos en la tarde Doña Pabím Malena se aseguraba de que el nene escuchara relatos acerca de su padre; se proponía prepararlo para la inminente llegada del papá pródigo. La señora construía una realidad futura llena de avances y comodidad. Él vendrá a buscarte y allá vivirás como en las series de televisión que tanto te gustan, le insistía la vieja. 

El padre supuestamente estaba en España y llegaría cualquier fin de semana de estos a llenar de alegría los campos y veredas no solo de la Vega Real: toda la Región del Cibao cedería ante el encanto de ese hombre alto y moreno. Pabím hacía que el nene repitiera las historias, asegurándose de que éste saboreara cada frase; lo invitaba a que asociara las palabras con imágenes. El nene nunca sospecharía que le estaban lavando el cerebro. Nunca adivinó la mentira en las carcajadas secretas de Las Comadres. Nada.

Pasaron meses como siglos cuando la gota rompió el cántaro y una de las comadres se alzó, revelando ciertas impertinencias que el nene escuchó de manera intermitente. Era una canción hecha con gritos a clave Morse. Esta rebelión encontró a Pabím ya un poco asediada por una reuma inevitable y con una mano que escapaba infructuosamente de la artritis desterró la Comadre revelante. La memoria muscular –que no miente– hizo que el nene regresara a un pretérito imperfecto. Observó con nuevos ojos a una Pabím Malena dueña de una serie de plagas que se habían instalado sutilmente como un virus en todo el sistema operativo de su mandato, que según ella era macana, batuta y constitución. Pero, como bien repitió tantas veces el filósofo mexicano-pop Emmanuel, Todo se derrumbó, cual ciudad maculada que recibe un castigo bíblico y como tal, implacable.

El nene saboreó esa verdad toda la madrugada. El barco se hundía. Prueba de ello eran Las Comadres, siempre tan bien puestas y ahora pegándose fuego unas, mientras las otras querían más brazos o ahuecaban el ruedo de los faldones para rescatar cualquier quincallería, floreros y elefantes de porcelanicrón. Ya amaneciendo, un Renato al que le estaba empezando a esbozar el bigote se acercaba con paso cerrado a la estación de la Metro arrastrado por el sabor a menta de la madre atolondrada. Pagó un billete de ida mordiendo a lágrima viva la remembranza vaga y mal construida de un padre que nunca se enteró de nada o que llegaría quizás un tanto más tarde.

 

 

vii. anatomia 


mi cuerpo
es la posición comprometida
allí residen el otoño
la flaqueza.

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Moskero


para Danny
 
I

ya las nubes no son espuma
allí se guarda el secreto de la bruma y el dolor
hambre que crece amplia como mancha
esperando los días de la bondad del señor

de qué color son las nubes en Irak
de qué estoy vivo
cuánto cuesta la sangre en Afganistán
desde dónde sigo
de qué color son las lágrimas en Bagdad
en Islamabad
en Haití
como pongo mi voz en el eco para ayudarte a ser feliz

ya las nubes no traen buena fortuna
todo ceniza turbia
dónde se guarda el secreto del horror
 
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Debajo de ti

 

sí… ha perdido su virginidad

pero no es la primera ni la última

además, ¿qué importancia tiene ese accidente

en el concierto de los planetas?

Roberto Arlt

 

 

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