La temida llamada de los cartelesMeribah Knight/Chicago News Cooperative T” recibió la llamada en su celular, en septiembre, en su lugar de trabajo en los suburbios. “Tenemos a tu padre. Reúne el dinero tan pronto puedas para que tu padre quede libre”, dijo la voz de un hombre. Era la llamada que “T” (se protege su nombre por su seguridad) nunca pensó que recibiría tras haber emigrado de México hace 19 años y haberse naturalizado. Su padre, un agricultor, había sido raptado por La Familia Michoacana, un cartel conocido por su rápido ascenso al poder en la narcoguerra de México, y por sus sangrientas medidas. “T” trató de explicar que no tenía suficiente dinero para el rescate – una figura en las decenas de miles de dólares, según lo que sus captores suponían que los cinco hijos de su rehén tenían. La respuesta fue: “Muy bien. Si no quieres a tu papá, lo tendremos que matar”. Durante los cuatro días necesarios para negociar la liberación del hombre, el alcance de La Familia quedó manifiesto, extendiéndose del estado occidental mexicano hasta Chicago. Debido a su sofisticada red de inteligencia, los secuestradores sabían que “T” tiene cuatro hermanos y dos hermanas viviendo en Estados Unidos, y que solía trabajar siete días a la semana en su negocio de construcción. “T” era el banco perfecto para contribuir a financiar las operaciones del cartel en México y para apoyar la distribución de drogas en este país, puesto que tenía dinero y familia numerosa. Historias como las de “T” se han vuelto demasiado comunes para aquellos que tienen familia en Michoacán. “Tenemos miedo de ir a México, pero nuestras familias sufren”, dijo José Luis Gutiérrez, director de Casa Michoacán y director adjunto de la Alianza Nacional de Comunidades Latinoamericanas y Caribeñas.
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El monstruo maravillosoStepahnie Manríquez El pasado mes de julio, Chicago acogió las novedades musicales inéditas y de antaño que invariablemente nos presenta cada vez que nos visita Carlos Icaza. Icaza, mejor conocido como “Tropicaza” es un personaje singular, de complexión sumamente delgada, sencillez al vestir y un par de lentes que lo vuelven inconfundible en cualquier recinto donde haya discos de vinilo. Musicólogo o arqueólogo de la música mexicana, cualquiera que sea el término para definirlo, el reafirmará que simplemente es un amante de la música. Pero indiscutiblemente es uno de los genios musicales de la Ciudad de México que han hecho grandes aportaciones a la historia de la música, a través de su rescate y búsqueda, a lo largo de viajes por Latinoamérica, Estados Unidos y Europa, de materiales casi perdidos de los años 40, 50 y 60, hasta nuestros días. Sus recopilaciones e investigaciones han servido como base de datos para algunas editoriales y sellos discográficos; ha sido también parte de diversas bandas importantes como Los Exquisitos, Los Fancy Free, Antiguo Autómata Mexicano, Las Comadrejas, Evil Hippie, etc. Las rarezas que preparó Tropicaza en este último viaje abarcan desde los ritmos funk, soul, rock y jazz, hasta la fusión de regional mexicana, presentándose en diversos lugares poco concurridos por la comunidad latinoamericana, como Double Door o Beauty Bar. Como parte de una conversación informal, Icaza mencionó la emoción de presentarse ante un público como el de Chicago, donde la gente concurre a sus presentaciones por el hecho de escuchar y disfrutar la música que ofrece. Icaza afirmó que la gente acude con el fin de bailar. Dichos términos – escuchar, disfrutar y bailar – son una constante muy común para la comunidad latinoamericana en Estados Unidos y que tristemente en una ciudad como el Distrito Federal, ya no lo son debido a los sucesos que está viviendo actualmente la capital.
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Mexicanos al grito de la música: Celebraciones del Bicentenario 2010Catalina María Johnson ¿Qué o quién me guiaba? No buscaba a nadie, buscaba todo y a todos: vegetación de cúpulas azules y campanarios blancos, muros color de sangre seca, arquitecturas: festín de formas, danza petrificada bajo las nubes que se hacen y se deshacen y no acaban de hacerse, siempre en tránsito hacia su forma venidera… fragmento de “1930: Vista Fija” por Octavio Paz
En estos días de festividades por los doscientos años de Independencia de México, pareciera que celebramos más un pasado que lució prometedor que el presente que ha resultado ser difícil. Sin embargo, en los próximos meses, por toda la ciudad escucharemos melodías y ritmos que motivan dar un gran ¡Viva México! ¡Y viva su música por muchos siglos más!
Noche del Bicentenario El grito resonará bajo las alas plateadas del Pritzker Pavillion y en todo Millenium Park, en la noche del bicentenario coordinada por el Consulado General de México, función que será toda una gala y muestrario de la música tradicional mexicana. Participarán dos grupos de danza (Ballet Folklórico de Guanajuato, y Mariachi y Ballet Contemporáneo de Jalisco) y el Coro de los Niños Cantores de Morelia. Representando los sones mexicanos chicagoenses, se presentarán el Mariachi Perla de México y Sones de México. (www.mexico2010inchicago.com)
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Del comedor al escenarioRaúl Dorantes y Febronio Zatarain Las piedras rodando se encuentran. Alex Lora La noche del viernes, los pasillos y la pista del Aragón Ballroom son invadidos por jóvenes rockeros de origen mexicano. En la penumbra se distinguen algunos con pelo largo y ese rostro que se va perfilando por el hábito de hablar español; también hay otros que traen el pelo casi a rape y la cara que surge por el uso cotidiano del inglés. Lo común en estos rostros que hoy se han congregado es el coreo de las piezas de El Tri. Alex Lora, líder de la banda, es el único rockero que ha logrado componer canciones capaces de cruzar a la juventud rockera mexicana de más de tres décadas. Y desde fines de los ochenta, los niños y los adolescentes que han cruzado la frontera han traído consigo la melodía de “Triste canción de amor” o versos como “mi mente dijo que nel”; y una vez que ingresan a las escuelas primarias o high schools llegan a contagiar a los que nacieron aquí. A esta presentación de El Tri confluyen los jóvenes que en otros conciertos de rock en español se bifurcan; Alex Lora es el abuelo al que vienen a celebrar todos sus nietos: los góticos, los ska, los pop, los funk y los raperos, y en todos estos grupos hay jóvenes indocumentados, residentes y méxico-americanos. Hay una palabra que es protagonista, una palabra que, según Carlos Monsiváis, “es profana y sagrada a la vez”: la palabra chingada. Y no es la única imprecación o palabrota que sale del escenario. Pero todas son recibidas con regocijo, como si ésas fuesen las únicas palabras vivas “en un mundo de vocablos anémicos”, diría Octavio Paz. Por eso, cuando se pide otra canción no se corea “otra, otra” sino “culero, culero”. Esta noche, en el Aragón Ballroom rifa el español y reluce la jerga de los chavos banda. El joven que por lo general se resiste a responderles en español a sus padres, aquí no solo cede sino busca la oportunidad para soltar un vocablo de esa jerga. La lengua que se ha rehusado a seguir siendo íntima solo en el hogar y a seguir siendo solamente puente entre padres e hijos, aquí se convierte en intimidad abierta, en vaso comunicante, en pocas palabras, en lengua pública.
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Una hormiga en la 26: Crónica de un proceso teatralIgnacio Guevara Tiro una chispa en la oscuridad; eso es intuición. Entonces mando un ejército para encontrar la chispa, eso es intelecto. Ingmar Bergman El caos es una de las características del proceso creativo. En éste intervienen múltiples voces simultáneamente; se generan dudas y las opiniones varían acerca de una misma cosa, y es muy posible que todas tengan razón. El ser se divide: uno mismo es una multitud que debate, que plantea, que busca, que confía y se decepciona; por consecuencia se desecha lo poco que ha sido encontrado; mas las manos no están del todo vacías. El territorio donde toma lugar este enfrentamiento, normalmente es el interior de uno mismo… Pero cuando ese mismo territorio se divide en cinco territorios —o sea, cinco cabezas—, el orden, si alguno, se halla al final del túnel. Por lo tanto una dinámica de trabajo colectiva puede ser un arma de múltiples filos, tantos como personas existan en el grupo. Si bien lo anterior no es mentira, tengo que admitir que me he quedado corto en esta divagación si recuerdo lo sucedido con la preparación de la obra Una hormiga en la 26. Aquí les va el cuento. En un pequeño apartamento del norte de Chicago, cinco soñadores se disponían a leer un guión teatral recién salido del horno. El sudor era abundante y los ventiladores, aunque trabajaban a toda máquina, no lograban aminorar el bochorno del día más caluroso de julio. Las dos ventanas del aposento dejaban entrar otra ventana, la de la morena que vivía en el apartamento de enfrente. Sus piernas, se podían ver desde ese cuarto piso. (Dos semanas después, Marco Polo confesó que no podía negar que la idea de montar esta obra lo inspiraba, pero que fue en el primer ensayo, cuando vio aquellas entornadas pantorrillas, que supo que no iba a perderse ninguna parte del proceso).
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